Mostrando entradas con la etiqueta ollantaytambo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ollantaytambo. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de noviembre de 2010

DESTRUYENDO OLLANTAYTAMBO






Hace un un tiempo idicamos que no nos cansaríamos en nuestro próposito de defender nuestro patrimonio cultural material e inmaterial. No quisiéramos hacerlo, nos agradaría no referirnos al tema, pero lamentablemente tenemos que ser reiterativos por que el daño que se sigue haciendo es digno de un pueblo bárbaro que no conoce su pasado y por supuesto no se proyecta al futuro.

Nos llenamos la boca diciendo que Ollantaytambno es “la ciudad inca viviente”, participamos en concursos queriendo nombrarla como una maravilla, pero no hacemos nada por conservarla, mas bien hacemos todo lo necesario para destruirla. Cada año deterioramos la traza inca del pueblo, los muros incas son revestidos con cemento, mientras que otros son derribados aprovechando la noche y culpando a las lluvias, mientras las autoridades encargadas de proteger se hacen de la vista gorda y no quieren ganarse antipatías. De que vale una denuncia policial o judicial que no prospera, que se queda en los anaqueles de algún burócrata?
En Ccoscco Ayllu, vemos a diario como se construyen dinteles de concreto sobre las portadas incas, como se edifican hoteles arrasando hermosos muros, mientras que en Araccama, los muros de adobe son destruidos o cubiertos por bloquetas de cemento.


Ya es tiempo de terminar con la incuria de nuestras autoridades y que no se siga destruyendo Ollantaytambo, el Cusco y tantos otros monumentos como el Molino de Acomayo, donde las pinturas de Tadeo Escalante estan en camino a desaparecer.

Nunca será suficiente la inversión que se realice en proteger el patrimonio cultural y si hay que poner guardianes las 24 horas del día, debemos hacerlo. No será gasto, será inversión que nuestros descendientes lo agradezcan.

sábado, 3 de abril de 2010

OLLANTAYTAMBO

En el suplemento Andares de La República del sábado 3 de abril,nuestro gran amigo Roberto Ochoa B. nos presenta la siguiente nota titulada "Ollantaytambo. Una visita a la única ciudad inca "viviente"".

Solo una atingencia. La revista donde salió la entrevista al campesino ollantino es PUTUTU.


miércoles, 27 de enero de 2010

LA FURIA DE LAS AGUAS













Fotos de David Canal

Las lluvias continuas en todo el departamento del Cusco, han originado un mayor caudal de los ríos y que estos se desborden inundando terrenos de cultivo y viviendas. De acuerdo a informes preliminares se han perdido mas de 9,000 hectáreas de cultivo y son mas de 2,000 las viviendas afectadas.

Hasta donde recordamos, nunca antes se ha producido una tragedia de esta magnitud. La salida de las aguas de algunos ríos era esperada, pero ahora las aguas han invadido muchas mas hectáreas y han destruido mas viviendas.

La ciudad del Cusco, donde se han construido viviendas en zonas inestables y en el lecho de antiguas torrenteras ha sido sumamente afectada.

No hay zona del departamento que no haya sido dañada. Los damnificados suman miles. Uno de ellos señala: “Hemos sido castigados por la crecida del río. Ha invadido nuestras chacras y casas, lo hemos perdido todo”, mientras que un campesino Ollantino nos dice: “tanto daño le hemos hecho al río, echando basura, arrojando nuestros desagües, construyendo nuestras viviendas, sin ninguna previsión, en sus orillas, que ahora el río ha reaccionado y nos muestra su poder. Solo podemos mirar y esperar que llegue la calma”.

El Valle Sagrado, es una de las zonas afectadas, desde Pisac hasta Ollantaytambo, se han perdido puentes, carreteras, terrenos de cultivo y viviendas. El puente de Pisac cayó bajo la furia de las aguas del Vilcanota, incomunicando a la zona calqueña, mientras que en Ollantaytambo el debilitado puente colonial de Calicanto sobre el Patacancha, no soportó el embate de las aguas y colapsó impidiendo el pase de los vehículos a Quillabamba.

El Ollantaytambo, los terrenos de Mascabamba han sido inundados, así como Huayronkoyocpampa, donde han caído mas de 20 viviendas y la capilla del Señor de Choquekillka (ver fotos). El puente de Tanccac, cayó y la bravura de las aguas del río inundo maizales y viviendas.

Se ha informado que el ejecutivo denegó permisos de inversión para el reforzamiento del cauce del Vilcanota. Si es así, los responsables deberían ser sancionados drásticamente por esta incuria. No es factible que teniendo los recursos suficientes, no se haga nada.

La sabiduría de los incas pobladores de la zona después de tantos años, sigue vigente. Ellos construyeron sus poblados en las zonas altas. Pisac y Ollantaytambo, son claros ejemplos. Fueron construidos en zonas elevadas, alejadas de los cursos de los ríos. Las zonas ribereñas fueron utilizadas como campos de cultivo. El río fue canalizado y se construyeron puentes que siguen resistiendo el paso del tiempo tal como el famoso Tampuchaca de Ollantaytambo.

Las consecuencias de este desastre son un gran número de personas damnificadas que quedan sin techo y sin medios de sustento por que han perdido sus cosechas, ademas de las consecuencias sicológicas del desamparo; una gran extensión de terrenos cultivados destruídos; la destrucción de infraestrutura vial y sanitaria y la disminución del turismo que no solo afectara a los cusqueños, sino a diversos operadores nacionales, por que el atractivo de Machu Picchu, por el momento, no esta disponible para los visitantes. El monto de las pérdidas es millonario. Una vez que las aguas se calmen, esperemos que no se calme la ayuda que se proporcione a los damnificados. Los agricultores que lo han perdido todo necesitaran ayuda por un largo tiempo y los estamentos gubernamentales deben actuar en ese sentido.

Aprendamos la lección. Seamos respetuosos con la naturaleza. Sigamos el ejemplo de los incas que supieron conciliar el desarrollo con el respeto al medio ambiente, lo que ahora llamamos desarrollo sustentable. Igualemnte es necesario que de una vez por todas, las autoridades, establezcan un plan de contingencia y no actuen de manera reactiva. No es posible que se siguiera permitiendo el ingreso de turistas a Machu Picchu, cuando ya la tormenta arreciaba.exijamos que las promesas de las autoridades no se queden en el papel. Requerimos que la ayuda a todos los damnificados sea inmediata. Evitemos que pase lo mismo que con la reconstrucción de Pisco.

martes, 15 de diciembre de 2009

COMO HA CAMBIADO OLLANTA

En el anterior número leímos una nota nostálgica del Dr Del Alamo, en la que nos llevó imaginariamente a los años 50 del siglo pasado, cuando Ollantaytambo era un pueblo apacible, donde todos se conocían, los niños ingresaban a las diversas huertas a treparse a los árboles de capulí, las puertas permanecían entornadas para permitir el ingreso de los vecinos, los profesores eran autoridades respetadas, los campos estaban cubiertos de plantas de maíz y papas en flor.

Si ahora recorremos las calles ollantinas, no encontraremos mucho de ese paisaje añorado. Numerosas casas se han convertido en hoteles y restaurantes, algunos de los antiguos moradores han decidido deshacerse de sus propiedades y ahora son habitadas por extraños. Las pocas casas de origen colonial han sido divididas perdiendo su morfología. Ahora no quedan ni rastros de lo que fueron. Zaguanes, escaleras y balaustres, han caído por los suelos. En su reemplazo se levantan muros de cemento, escaleras y ventanas con hierro.

Las chacras cada vez tienen menos extensión, muchos terrenos ahora están ocupados por nuevas construcciones, donde se acondicionan hoteles para recibir a extranjeros. Los árboles de capulí son cada vez mas escasos, los ch’ititis y chihuacos, ya no nos despiertan con sus trinos madrugadores. Los sapos ya no croan anunciando la lluvia. El maíz ya no se seca en los tendales, se vende en choclo, originando la falta de jora para elaborar chicha.

Ahora encontramos a empresarios ollantinos, con dos celulares en la cintura, despachando sus negocios a bordo de modernas camionetas. Los que no pueden pagarse un teléfono privado, pueden realizar sus llamadas desde los teléfonos públicos instalados en los locales comerciales y también desde los celulares que ofrecen algunas señoritas en la plaza principal. Sin embargo hay ollantinos que no pueden darse el lujo de efectuar una llamada telefónica, es muy caro para ellos y deben destinar todos sus ingresos para subsistir. Los precios de los productos agrícolas, nunca son buenos y ahora ya no hay trojes. Difícilmente se guarda algo de papas y maíz.

La plaza, donde antes solo dos veces al día paraban los vehículos que hacían servicio al Cusco, ahora se encuentra atiborrada de taxis, combis y toda clase de vehículos que salen a cualquier hora.

Los restaurantes han sacado sus mesas y sillas a las veredas. Es agradable sentarse ahí a tomar un refresco, una cerveza o degustar alguno de los muchos omelettes que ofrecen, pero ahora ya no podemos transitar libremente por las veredas. Por las calles nos encontramos con algún muchacho con su mandil de chef y por supuesto con muchos vendedores de artesanías.

Hablando de artesanías, la Plaza sagrada de Manyaraqui, es desde hace un buen tiempo un gran mercado. El espacio está lotizado, impidiendo una buena perspectiva de los importantes edificios que la circundan.

En vísperas de Todos los Santos, encontramos “tropas” de niños con distintos disfraces, unos con apenas una careta, otros con vestidos preparados especialmente y con extrañas mascaras de tela o plástico, festejando el Halloween importado. ¿El día de la canción criolla? No, en las calles ollantinas no se conoce esta fiesta.

La música que se escucha es diversa, hay rock, chicha, cumbia y también huayno. Los blues no faltan en algún pub concurrido por turistas.

Las escuelas se han multiplicado, algunas de ellas son particulares e incluso hay alguna que esta “especializada” solo en hijos de extranjeros. En Chillca, Patacancha y Huilloc, hay colegios, donde asisten numerosos estudiantes. El quechua, se sigue hablando, al mismo tiempo que el castellano y el inglés.

Lo que apreciamos ahora en Ollantaytambo, es un pueblo en proceso de cambio. Cambio que se viene realizando rápidamente, no solo en su morfología, también en su gente
.

lunes, 15 de septiembre de 2008

EL FIN DE OLLANTAYTAMBO


Cuando uno quiere un lugar tanto como a la vida, porque el lugar te llena de dicha, te da paz y sosiego, es triste verlo morir, verlo desvanecerse. Se le comprime a uno el corazón.
Esto es lo que siento cuando llego a Ollantaytambo, al Ollantaytambo de hoy. A la ciudad Inca donde algún día el Pinkylluna me acogió y cobijo a sus faldas. Época donde la modernidad tenía un rico sabor a desarrollo. Cuando el alcalde aún tenía la valentía de amarrarse a los rieles del tren como protesta al turismo no sostenible. De poco servía, pero le daba al lugar un aroma a conciencia. Hoy desgraciadamente el progreso de Ollantaytambo se les fue de las manos a los propios ollantinos.
Las cosas se vieron venir de manera vertiginosa. Nunca podré sacarme de la cabeza el día que volví directo a las sopas de doña Zoila. Que sopas tan ricas, con moraya, muña, olluquitos y todo lo que la pachamama da por allá. Por su menú la gente se amontonaba en su local y yo me tomaba dos, tres sopas y era feliz. Hasta que la casa azul se vio media desierta, pero el motivo parecía justificarlo. Zoila se había mudado a la plaza. Pero no a progresar, sino para hacer lo mismo que todos los demás hacían, pensando de esa manera atraer turistas. Así me encontré a Zoila, parada en la puerta de un local vacío, ofreciendo omelet, panquek, juice, coffe. En mi siguiente visita Zoila había quebrado y con ella se fueron las mejores sopas de mi vida.
De la misma manera vi desaparecer la vida pueblerina, su tranquilidad, el silencio ollantino, el omnipresente sonido del correr del agua. La población se aloco y se volcó al turismo de la manera menos sostenible; perdió parte de su identidad, de su cultura, de su mística, y se convirtió en un pueblo de transito, en algo mejor que Aguas Calientes donde cientos de turistas pasan, consumen y se van. Ahora entre caras desconocidas se pierde la tía con su balde de cinco pisos de gelatina, flan y torta, al igual que al Hermano Juan con sus galletas. Las casas no están abiertas como antes, uno no puede pasar a saludar, tampoco se puede ir a escuchar a los mayores a sus hogares, donde aún conservan los cráneos de sus antepasados como ofrendas. Toda esta intimidad se acabo, ahora hay policía motorizada, serenazgo. Hasta es evidente que ha llegado la Sunat. Que ha clausurado todo. En Ollantaytambo donde a veces los ancianos fallecidos tenían que esperar para que primero se les creara una identificación, quizás hasta un DNI, porque no los podían registrar como occisos si todavía no figuraban como nacidos.
Ay mi Ollantaytambo querido, como estas cambiando, y que sabor tan raro traes. Un sabor a polución, a comercio, a inseguridad. Una perdida de cultura, una señal de que el único pueblo inca viviente está por sucumbir. Esperemos que sus pobladores y dirigentes aún tengan tiempo de tomar conciencia, de darse cuenta de la realidad que enfrentan y hacia donde se dirigen.

Beatrice Velarde
Septiembre 2008