sábado, 18 de abril de 2009

BIBLIOGRAFIA CUSQUEÑA


Uno de los temas que no hemos tratado a propósito en las páginas de PUTUTU, es el de los libros sobre el Cusco. No le hemos hecho por que hemos preferido disponer el pequeño espacio de sus páginas para otros temas y por que pensamos que algunos de los libros tienen una buena difusión en la prensa nacional, sin embargo reconsideramos esta posición con el fin que los cusqueños conozcamos más lo que se produce sobre el Cusco, por cusqueños y cusqueñistas.

Entre los novelas publicadas últimamente tenemos, “El guachimán y otras historias” del conocido Luis Nieto Degregori http://www.larepublica.com.pe/content/view/235387/28/. Tres historias que narran los conflictos interiores que se dan en la vida amorosa de personajes disímiles como un sacerdote, un ejecutivo y un guachimán.

Juan Carlos Galdo, descendiente de cusqueños, ha publicado la novela “Estación Cuzco”, que narra el reencuentro de Hernani con la ciudad. El mismo autor también ha publicado un texto de critica literaria, “Alegoría y nación en la novela peruana del siglo XX”, donde analiza obras de Vallejo, Alegría, Arguedas, de Vargas Llosa, Scorza y Miguel Gutiérrez.

La dinámica Karina Pacheco, ha publicado “No olvides nuestros nombres” http://agreda.blogspot.com/2009/03/no-olvides-nuestros-nombres.html novela ganadora del Premio Regional de Cultura 2008 que el INC del Cusco convocó para escritores del Sur del Perú, además esta novela fue finalista de la I Bienal de Novela Copé convocada por Petroperu.

Luis Enrique Tord, continuando con su saga cusqueña presentó “La montaña roja”, en la que narra las vivencias del cura chachapoyano Blas Varela y el secreto proyecto de la Compañía de Jesús de gestar la fundación de una Monarquía Cristiana .

Odi Gonzales, de Calca, publicó en un solo volumen “Valle Sagrado- Almas en pena”, un par de poemarios que han tenido una muy buena acogida . http://www.larepublica.com.pe/content/view/237182/28/


En el ámbito de las ciencias sociales, el antropólogo Guillermo Salas Carreño, sacó a luz “Dinámica social y minería”, un importante texto sobre las relaciones de la gran minería y las poblaciones que se encuentran en su ámbito. “Las elites cusqueñas”, de José Tamayo y Eduardo Zegarra, que debe ser el libro cusqueño mas vendido de los últimos tiempos, es un conjunto de conversaciones de los autores sobre las clases dirigentes cusqueñas.

Pedro Guibovich y Luis Eduardo Wuffarden, son autores de “Sociedad y Gobierno episcopal”, que nos ofrece una visión precisa sobre la relación entre iglesia y sociedad en la época colonial, para lo que se basan en las visitas del obispo Mollinedo y Angulo.


Finalmente, Rosario Olivas Watson, sacó a luz “Cusco, el imperio de la cocina”, que muestra la exquisita gastronomía cusqueña. El libro, además de incluir las recetas típicas de cada una de las festividades más importantes describe distintas costumbres gastronómicas.


Estos son una pequeña muestra de todos los libros publicados recientemente

sábado, 28 de marzo de 2009

WENDY WEKS: ENTRE EL MAR Y LA MAREA


La pintura de Wendy Weks, a nuestro parecer, ha pasado por varias etapas pero con un mismo hilo conductor. Recoge del paisaje de su entorno sus figuras y sus colores, sus temas y sus vivencias, además, como en todo proceso creativo sus experiencias están plasmadas en cada uno de sus lienzos.

El color en el trabajo de Wendy, es de suma importancia. Su etapa ollantina se caracterizó por el uso de los colores fuertes, vivos. En su estancia limeña hay el uso de diversas gamas de ocres y en los cuadros de la muestra Mar y marea, el uso del azul es preponderante.

La fuerza de sus trazos se percibe en cada trazo del pincel. Sus primeras pinturas ollantinas mostraban enérgicos troncos con ramas separadas, luego vinieron la serie de perros con las fauces abiertas, así como los espinos punzantes. Los techos chorrillanos le inspiraron las teatinas, que brotan desde los techos planos hacia el cielo, sugiriendo una protesta ante la monotonía.

El agua es un elemento que limpia, que purifica y ahora Wendy lo presenta como un medio de catarsis, por que vuelve a sus fuentes, a sus orígenes que estuvieron rodeados de mar.

Un mar por donde surca imponente una barca, mientras en la costa hay una embarcación en construcción, nos remite a que lo que se construye en la tierra puede ser fácilmente destruido en el mar. El mar, espacio que se va transformando eternamente, con cada ola, con cada marea, es una metáfora de la vida misma, que está en permanente cambio, donde cada minuto es diferente al anterior.

El mar que puede estar por momentos pacífico, también es impetuoso, con olas gigantes y atronadoras, que nos atrapan y envuelven nuestros órganos, nuestros cuerpos. Cuando la ola nos cubre, el agua penetra a nuestros pulmones por las mismas vías respiratorias por las que saboreamos el olor marino.

Las barcas de pescadores navegan solitarias al atardecer perdiéndose entre las olas y arrojan sus redes que forman espacios tranquilos, serenos, donde no sabemos que se encontrará. Los espacios cercados por los flotadores de las redes que, semejando un rosario de coloridas cuentas, son zonas de quietud, de tranquilidad, diferentes a su entorno en movimiento. Las redes que cuando se recogen, intentan inútilmente atrapar el agua, así como intentamos atrapar nuestros sueños.

Las barcas transportan vida, encierran órganos, necesitan el mismo motor humano para desplazarse y también barcas fúnebres cargando huesos, como si el mar fuese un inmenso cementerio, donde los restos humanos se encuentran desperdigados. La estructura de un bote sirve de soporte a un corazón, lo protege como si fuera un tórax, por que toda embarcación tiene un centro, tiene un corazón que le permite flotar equilibradamente.

Una pintura honesta, con síntesis en el dibujo, en la que se imprime la fuerza y la fragilidad de la vida.

domingo, 16 de noviembre de 2008

LAS T´ANT´A WAWAS

En la festividad de Todos los Santos, junto con el lechón y los tamales, se consume, entre los niños, los caballos y las wawas de pan (t'ant´a wawas). Es costumbre que los padrinos obsequien las wawas a sus ahijadas y los caballos a los ahijados. En el caso que no fuera así, son los padres los encargados de comprar estos productos en las diferentes panaderías, hornos o en el mercado.
Desde la segunda quincena de octubre, se puede encontrar las wawas en el mercado, donde, por disposición municipal, las vendedoras ocupan un lugar especial. Junto a las wawas podemos encontrar los maicillos, las condesas y los suspiros, que son también productos que se venden en la fecha
Las wawas se preparan con la masa para panes, la adornan con la masa en relieve con líneas curvas, le agregan confites y le ponen la yema de huevo, con el fin de que tenga una apariencia lustrosa. Sin embargo el elemento principal es un pequeño rostro de pasta donde se ve la cara sonrosada de una niña que tiene una corona de flores. En el caso de los caballos, el proceso de fabricación es el mismo y se pone el rostro de un caballo y se le agrega el rostro del jinete, en muchos casos pueden ser hasta dos lo jinetes.
Estos presentes son entregados a los niños en la mañana del día 1 de noviembre y por supuesto que generan una gran alegría en ellos. Los adolescentes e incluso los mayores no se sustraían de esta festividad y hasta fines de los 90, organizaban los famosos bautizos de la wawa, para lo cual con anticipación se preparaban nombrando a los padres, padrinos, sacerdote y monaguillo. Los padres eran los encargados de mandar elaborar la wawa, que era de una masa especial y tenía un decorado mas complejo. Las dimensiones eran mucho mas grandes, de acuerdo a la cantidad de participantes. Los padrinos se encargaban de elaborar un humorístico capillo, con el nombre de la wawa, que podía ser el de Flor de un día. El resto de participantes colaboraba con la comida y la bebida. Cuando todos se habían reunido, comenzaba la ceremonia, donde el “sacerdote”, que era una persona con mucho sentido del humor, realizaba un simulacro de bautizo, siendo secundado por el monaguillo. Una vez concluida la ceremonia, se procedía a repartir la wawa y nombrar a los, padres y padrinos de la festividad del año venidero, luego de lo cual sonaba la música y se iniciaba el baile. Actualmente ya no se dan estas celebraciones o si se dan son en círculos muy íntimos, sin embargo, las wawas se siguen produciendo, inclusive se presenta en cajas de cartón y ciertos municipios organizan ferias en las proximidades del 1 de noviembre.
Esta costumbre de las wawas, también se esta difundiendo en Lima, donde algunas municipalidades organizan un concurso y se premian a las mas vistosas.

lunes, 15 de septiembre de 2008

EL FIN DE OLLANTAYTAMBO


Cuando uno quiere un lugar tanto como a la vida, porque el lugar te llena de dicha, te da paz y sosiego, es triste verlo morir, verlo desvanecerse. Se le comprime a uno el corazón.
Esto es lo que siento cuando llego a Ollantaytambo, al Ollantaytambo de hoy. A la ciudad Inca donde algún día el Pinkylluna me acogió y cobijo a sus faldas. Época donde la modernidad tenía un rico sabor a desarrollo. Cuando el alcalde aún tenía la valentía de amarrarse a los rieles del tren como protesta al turismo no sostenible. De poco servía, pero le daba al lugar un aroma a conciencia. Hoy desgraciadamente el progreso de Ollantaytambo se les fue de las manos a los propios ollantinos.
Las cosas se vieron venir de manera vertiginosa. Nunca podré sacarme de la cabeza el día que volví directo a las sopas de doña Zoila. Que sopas tan ricas, con moraya, muña, olluquitos y todo lo que la pachamama da por allá. Por su menú la gente se amontonaba en su local y yo me tomaba dos, tres sopas y era feliz. Hasta que la casa azul se vio media desierta, pero el motivo parecía justificarlo. Zoila se había mudado a la plaza. Pero no a progresar, sino para hacer lo mismo que todos los demás hacían, pensando de esa manera atraer turistas. Así me encontré a Zoila, parada en la puerta de un local vacío, ofreciendo omelet, panquek, juice, coffe. En mi siguiente visita Zoila había quebrado y con ella se fueron las mejores sopas de mi vida.
De la misma manera vi desaparecer la vida pueblerina, su tranquilidad, el silencio ollantino, el omnipresente sonido del correr del agua. La población se aloco y se volcó al turismo de la manera menos sostenible; perdió parte de su identidad, de su cultura, de su mística, y se convirtió en un pueblo de transito, en algo mejor que Aguas Calientes donde cientos de turistas pasan, consumen y se van. Ahora entre caras desconocidas se pierde la tía con su balde de cinco pisos de gelatina, flan y torta, al igual que al Hermano Juan con sus galletas. Las casas no están abiertas como antes, uno no puede pasar a saludar, tampoco se puede ir a escuchar a los mayores a sus hogares, donde aún conservan los cráneos de sus antepasados como ofrendas. Toda esta intimidad se acabo, ahora hay policía motorizada, serenazgo. Hasta es evidente que ha llegado la Sunat. Que ha clausurado todo. En Ollantaytambo donde a veces los ancianos fallecidos tenían que esperar para que primero se les creara una identificación, quizás hasta un DNI, porque no los podían registrar como occisos si todavía no figuraban como nacidos.
Ay mi Ollantaytambo querido, como estas cambiando, y que sabor tan raro traes. Un sabor a polución, a comercio, a inseguridad. Una perdida de cultura, una señal de que el único pueblo inca viviente está por sucumbir. Esperemos que sus pobladores y dirigentes aún tengan tiempo de tomar conciencia, de darse cuenta de la realidad que enfrentan y hacia donde se dirigen.

Beatrice Velarde
Septiembre 2008

miércoles, 18 de junio de 2008

Bingham en Ollantaytambo



Cuando el historiador norteamericano, Hiram Bingham III, regresa al Perú en 1914 a continuar sus exploraciones en Machu Picchu, se establece en Ollantaytambo, para lo cual, alquila por medio de sus colaboradores, la casa de don José Manuel Zamora y esposa doña Gumercinda Galdo, ubicada en Araccama, “tras el Sagrario”. El arrendamiento se realiza directamente “al Señor Prof. Hiram de la Universidad de Yale”
La mencionada casa era conocida como la “Casa Horno”, por que ahí funcionaba un horno donde se elaboraban panes y en su “canchón” se encontraba la fuente conocida como el “Baño de la Ñusta”, la cual fue objeto de algunas fotografías de Bingham.

El contrato de arrendamiento firmado el 26 de febrero de 1915, por el representante de Bingham y miembro de la expedición, Osgood Ardy (uno de los topógrafos de la expedición), describe la situación de la vivienda y se acuerda una “mensualidad de veinte soles pagaderos cada fin de mes, principiando a correr por cuenta del arrendatario desde el primero de marzo del presente año con periodo de un solo año”. Firman como testigos, don José Miguel F. Baca, don Valentín Martínez, don Eliseo Pareja, ante el Juez de Paz don Tadeo Flórez. De dicho documento, hay dos versiones conservadas por don Mariano Salas, una manuscrita y un resumen mecanografiado, en papel membretado como “THE PERUVIAN EXPEDITION OF 1914-15 under the auspices of YALE UNIVERSITY AND NATIONAL GEOGRAPHIC SOCIETY. Hiram Bingham, Director”.

Ya próximo a concluir el contrato de arrendamiento, y con el fin de hacer cuentas sobre la inversión realizada en el acondicionamiento de la casa, uno de los representantes de Bingham, en una carta mecanografiada, al parecer de noviembre de 1915, escribe lo siguiente:

“Señor Jose Zamorra.
Gobernador de Ollantaitambo.

Muy estimado Señor y amigo-

Me encuentro U. preparando para hacer viaje mañana a Cuzco
Llevando a la vez unos veinte cajones de tiestos.
Antes de partir para Cuzco Quiero hablar con U. sobre la cuestión
De las mejoras que hemos puesto en esta casa, hablo principalmente
de la maderaje y la calamina.
Como estoy tan ocupado yo, encajonando tiestos, y, otros
cosas, le escribo este carta para suplicarle si no podia U. venir
a casa esta tarde a tomar una botella de Cerveza y al mismo tiempo
ablar del cuestion de la madera y calamina.

Siempre Su Atta Servidor y Amigo

Geoffrey W. Moskhill”

La expedición de Bingham, durante su estadía en Ollantaytambo, realizó estudios, toma de fotografías y elaboró el primer plano de la población. Por la carta que antecede, se puede deducir que también realizaron trabajos de excavación en Ollantaytambo, fruto de lo cual se enviaron las mas de veinte cajas con tiestos y “otras cosas”, cuyo destino se desconoce. Suponemos que los tiestos son de origen ollantino; por cuanto, el material colectado en Machu Picchu debe haber sido transportado directamente al Cusco, sin escalas innecesarias en Ollantaytambo.

Ya es tiempo que la Universidad de Yale, no solo devuelva los materiales arqueológicos que se despacharon, sino permita que los archivos de Bingham estén a disposición de los investigadores peruanos y peruanistas.

lunes, 5 de mayo de 2008

GRACIAS



Cuando en mayo del 2007, las antropólogas Patricia Panato y Roxana Alvarez, fueron encargadas por el INC, institución donde laboran, a realizar el levantamiento de información de la fiesta del Señor de Choquekillka, como parte del registro de la cultura Viva del Cusco, pensaron que era una de las tantas fiestas religiosas que se llevan a cabo en la región. Sin embargo, cuando el sábado por la tarde empezó la fiesta con el arreglo del templo y la reunión de las diversas comparsas, pudieron apreciar que esta no era una fiesta más. Vieron que el desarrollo de la fiesta involucraba a todo el pueblo. Estaban los carguyocs, con la responsabilidad de llevar adelante la celebración, los danzantes, como los K’achampas, que estoicamente permanecían horas de horas bailando por la devoción a su Patrón, los devotos que acudían humildemente a los pies de la imagen para rogar por sus vidas y también los turistas que se admiraban de que un pueblo entero se dedicara a celebrar a una cruz, que de acuerdo a la tradición fue recogida en medio del río Vilcanota.
La religiosidad de la población de Ollantaytambo se manifiesta en la celebración de Pentecostés, donde se rinde culto al Señor de Choquekillka. Imagen venerada desde hace un siglo y la que con los años tiene una mayor cantidad de devotos.
Justamente, el Señor de Choquekillka, abrió los ojos a estas profesionales, quienes al notar la profunda significación de la fiesta, propusieron a la institución donde laboran que la fiesta sea declarada, Patrimonio Cultural de la Nación. Prepararon un nutrido expediente, el cual fue enviado a las mas altas autoridades del INC de Lima, quienes tomaron su tiempo en decidir, el día 28 de abril del 2008 y a pocos días de Pentecostés, como un regalo al pueblo, salió publicado en el diario oficial El Peruano, el decreto que declara la festividad del señor de Choquekillka como Patrimonio Cultural de la Nación.
Esta declaratoria, nos compromete mas a seguir luchando por la defensa de nuestro Patrimonio, por mantener nuestras costumbres y preservarlas de la agresión que sufre diariamente.
El pueblo de Ollantaytambo tiene una deuda de gratitud para las señoras Panato y Alvarez, la cual se puede ir amortizando si tomamos conciencia de la defensa de nuestro Patrimonio material e inmaterial.

domingo, 6 de abril de 2008

Huaynos Cusqueños

Fredy Amilcar Roncalla

Los huaynos que escuchaba en Chalhuanca venían de varias regiones. Uno podía distinguir si una canción era del Cusco, Parinacochas, Chuquibamba, o Andahuaylas. Hasta el sabor local tenía fuertes influencias de provincias altas (Los Aymarinos) o de Huamanga (Pichinkucha). Pero había algunos temas que tenían un origen impreciso. Una de ellos es la canción “Dos Palomitas”, que mi madre y tía cantaban en las punas bordeando Negromayo. Algo de ser andino es llevarse sus canciones muy adentro sin a veces recordarlas claramente. Pero un día, de vuelta en territorios de ayllus y Apus, viajaba en un ómnibus de Centro Andino. En ese tiempo reinaba el Picaflor y el chofer había puesto “Barrio Piñonate” varias veces. Para variar un poco cambió de cinta a Condemayta de Acomayo, con Calandria del Sur, que ya cantaba “Dos Palomitas” con una voz tan dulce que, ama waqaspalla, me emocionó profundamente, y marcó en mi la reapertura y entrega al espacio musical del ande. Algo que no he dejado en ningún momento ni en la costa ni el extranjero. Desde entonces tengo una gran admiración por Condemayta de Acomayo y me suenan en especial los huaynos cusqueños. En una época en que a nivel nacional primaba la música huanca y previo a la llegada de los sonidos ayacuchanos contándonos penas de la guerra, Calandria del Sur puso en el escenario nacional no sólo el huayno cusqueño, pero también su variante indígena. Y en un momento que la divisoria entre lo indígena y lo señorial (Cusco Criollo, los Campesinos) era mucho mas distinguible. Condemayta de Acomayo, es quizás el único conjunto indígena en el selecto grupo de los clásicos del huayno junto a Trio Ayacucho, Los Errantes, Los Campesinos, Picaflor de Los Andes, etc. Por eso, y por la facilidad cadenciosa con que aborda las melodías como si fueran parte de su propia respiración, Calandria del Sur es para mí la mejor cantante de huayno. Y le sigue muy cerca Sonia Yasmina, a la cual he redescubierto hace poco en You Tube y espero que tenga el lugar que se merece, no importa que al igual que el Pablucha Venero se le haya criticado por fiestandera. Sonia merece lugar de honor por la claridad y dulzura de su voz, y porque los arreglos con que se presentó hace un par de decenios anteceden a los que se oyen ahora en el escenario urbano tradicional. Ella abre el camino a Nancy Manchego, Roxana Gutierrez y a los Hermanos Aybar, entre otros. Incluso influye en el curita de Yucay Plasachapi, que según me cuentan ya anda por Ollanta. El escenario musical cusqueño es tan amplio que sería injusto limitarlo a esas dos cantantes. Según los hermanos Montoya** el huayno cusqueño se divide entre los de las provincias altas (Chumbivilcas etc.), y los de las provincias bajas (Acomayo, Calca, etc.). Esta división inicial puede ser matizada dando cuenta de las sutiles diferencias entre subregiones cusqueñas en cuanto a estilos, instrumentación, vocalización, eleccción de lengua, etc. Un arduo y fascinante desafio para el investigador que además tendría que decidir dónde encajan las composiciones de William Luna, que bordean el huayno, pero no lo son completamente. Mientras tanto vienen a la mente los sonidos de Pancho Gomes Negrón, el Conjunto Tupac Amaru, Rosita del Cusco, Los Campesinos, el Embajador de Quiquijana cantando Valicha, y el requinto inconfundible de los Bohemios, cuyo sonido, que pasa de la tristeza a la celebración sin que nos demos cuenta, no tiene paralelo en ninguna otra región del ande. Y que, ayni nomás, habían filmado parte de un video en Chalhuanca. Para nosotros los andinos, los huaynos son parte intregral e íntima de nuestro ser y es bueno hablar de ellos en primera persona. Las veces que he estado en el Cusco he escuchado largamente al arpista ciego, que mendiga en calles aledañas a la plaza de armas, maravillado por la sincopación impredecible de sus bajos y su voz quebrada. Y un día, viajando en tren rumbo a Aguas Calientes, casi me agarra otro ama waqaspalla, escuchando un padre en el rondín y sus hijas en la guitarra cantando al estilo indigena de provincias bajas. Así, puro sentimiento también he cantado “Saqsaywamanpi”, “Llawllillay”, “Yucaliptucha”, “Soleschallay soles” y “Cigarro inka” a veces sapachallay urpi. Otras veces con Franklin, un mandolinista cusqueño de los buenos, con el buen Dario Espinoza, o en compañía de mis waykis de los cuales uno, el galáctico Lino Pareja, que es del mero Ollanta, se maneja unos punteos y bordones en la comuncha que hay que agarrarlo cuando está inspirado porque segurito va tratar de llevarnos al Hanaq Pacha. O en todo caso decir, con el humor que caracteriza al huayno cusqueño: “huq panteonta yaykukusqani wasiyta pensaspa / kalaberata muchaykusqani warmiyta pensaspa”. Mientras tanto “Kuskullamanta takichakuna yachaykachiway takiyta / ima takiyta takiyman / hayka takiyta taqkiyman”.

* Poeta y ensayista . Autor, entre otros libros, de “Escritos Mitimaes. Hacia una poética andina postmoderna”

** La Sangre de los Cerros. Rodrigo, Edwin y Luis Montoya. Mosca Azul Editores y UNMSM. Lima 1987