miércoles, 27 de enero de 2010

LA FURIA DE LAS AGUAS













Fotos de David Canal

Las lluvias continuas en todo el departamento del Cusco, han originado un mayor caudal de los ríos y que estos se desborden inundando terrenos de cultivo y viviendas. De acuerdo a informes preliminares se han perdido mas de 9,000 hectáreas de cultivo y son mas de 2,000 las viviendas afectadas.

Hasta donde recordamos, nunca antes se ha producido una tragedia de esta magnitud. La salida de las aguas de algunos ríos era esperada, pero ahora las aguas han invadido muchas mas hectáreas y han destruido mas viviendas.

La ciudad del Cusco, donde se han construido viviendas en zonas inestables y en el lecho de antiguas torrenteras ha sido sumamente afectada.

No hay zona del departamento que no haya sido dañada. Los damnificados suman miles. Uno de ellos señala: “Hemos sido castigados por la crecida del río. Ha invadido nuestras chacras y casas, lo hemos perdido todo”, mientras que un campesino Ollantino nos dice: “tanto daño le hemos hecho al río, echando basura, arrojando nuestros desagües, construyendo nuestras viviendas, sin ninguna previsión, en sus orillas, que ahora el río ha reaccionado y nos muestra su poder. Solo podemos mirar y esperar que llegue la calma”.

El Valle Sagrado, es una de las zonas afectadas, desde Pisac hasta Ollantaytambo, se han perdido puentes, carreteras, terrenos de cultivo y viviendas. El puente de Pisac cayó bajo la furia de las aguas del Vilcanota, incomunicando a la zona calqueña, mientras que en Ollantaytambo el debilitado puente colonial de Calicanto sobre el Patacancha, no soportó el embate de las aguas y colapsó impidiendo el pase de los vehículos a Quillabamba.

El Ollantaytambo, los terrenos de Mascabamba han sido inundados, así como Huayronkoyocpampa, donde han caído mas de 20 viviendas y la capilla del Señor de Choquekillka (ver fotos). El puente de Tanccac, cayó y la bravura de las aguas del río inundo maizales y viviendas.

Se ha informado que el ejecutivo denegó permisos de inversión para el reforzamiento del cauce del Vilcanota. Si es así, los responsables deberían ser sancionados drásticamente por esta incuria. No es factible que teniendo los recursos suficientes, no se haga nada.

La sabiduría de los incas pobladores de la zona después de tantos años, sigue vigente. Ellos construyeron sus poblados en las zonas altas. Pisac y Ollantaytambo, son claros ejemplos. Fueron construidos en zonas elevadas, alejadas de los cursos de los ríos. Las zonas ribereñas fueron utilizadas como campos de cultivo. El río fue canalizado y se construyeron puentes que siguen resistiendo el paso del tiempo tal como el famoso Tampuchaca de Ollantaytambo.

Las consecuencias de este desastre son un gran número de personas damnificadas que quedan sin techo y sin medios de sustento por que han perdido sus cosechas, ademas de las consecuencias sicológicas del desamparo; una gran extensión de terrenos cultivados destruídos; la destrucción de infraestrutura vial y sanitaria y la disminución del turismo que no solo afectara a los cusqueños, sino a diversos operadores nacionales, por que el atractivo de Machu Picchu, por el momento, no esta disponible para los visitantes. El monto de las pérdidas es millonario. Una vez que las aguas se calmen, esperemos que no se calme la ayuda que se proporcione a los damnificados. Los agricultores que lo han perdido todo necesitaran ayuda por un largo tiempo y los estamentos gubernamentales deben actuar en ese sentido.

Aprendamos la lección. Seamos respetuosos con la naturaleza. Sigamos el ejemplo de los incas que supieron conciliar el desarrollo con el respeto al medio ambiente, lo que ahora llamamos desarrollo sustentable. Igualemnte es necesario que de una vez por todas, las autoridades, establezcan un plan de contingencia y no actuen de manera reactiva. No es posible que se siguiera permitiendo el ingreso de turistas a Machu Picchu, cuando ya la tormenta arreciaba.exijamos que las promesas de las autoridades no se queden en el papel. Requerimos que la ayuda a todos los damnificados sea inmediata. Evitemos que pase lo mismo que con la reconstrucción de Pisco.

sábado, 23 de enero de 2010

Galeria Ollantina

EL CH’ILLICU MARIANO MEJIA AYALA

Por Ramiro Olazábal Gibaja

En los pueblos del Perú, siempre hay aficionados a la música, que muchas veces son virtuosos en la ejecución de su instrumento. Tal es caso de don Vicente Mejía de Ollantaytambo. Su afición a la música se manifestó desde muy temprana edad, tocaba el arpa, amenizando tanto fiestas familiares como religiosas.
De los vástagos que tuvo en su matrimonio con doña Antonia Ayala, el que heredó esta afición fue el hijo menor, el chana, Mariano, nacido aproximadamente en 1930. Empezó a tocar el instrumento a la edad de 6 años y a los 10 ya era un eximio intérprete. Tocaba, como todos los músicos de pueblo, al oído. En la escuela amenizaba las actuaciones cívicas, empezaba tocando el Himno Nacional y concluía con alguna tonada o un buen huayno. Más adelante se especializo en música folklórica. Cuando tenía 16 o 17 años, participó en un concurso de arpistas a nivel departamental promovido por Radio Tahuantinsuyo del Cusco. En ese certamen compitió con un famoso arpista de apellido Ccumpa, quien venía de las provincias altas, resultando triunfador.
Por los años 60 del siglo XX, participó conjuntamente con otros 4 músicos de diferentes partes del departamento en una gira por los Estados Unidos, la que fue organizada por una empresa industrial. Su base de operaciones fue Nueva York, donde fueron ovacionados por la gran calidad de interpretación de la música andina. Los comentarios abundaron en la prensa norteamericana.
Por esos tiempos se ganó el apelativo de ch’illicu, que es el nombre quechua de la cigarra y como son conocidos los arpistas en el Valle Sagrado. El ch’illicu Mejía y no taunticha, como también se les denomina, conforme pasaba el tiempo tocaba mejor. Parecía que sus dedos fueran plumas al tocar las numerosas cuerdas de su arpa, que el mismo las preparaba con intestinos de reses. Cuidaba a su domingacha, esa arpa con forma de pera hoy casi desaparecida, de manera especial, solo el la cargaba en sus caminatas hacia los lugares donde amenizaba una colorida fiesta.
En los siguientes años, en Ollanta conformo conjuntos de cuerdas con Rafael Orué, Exaltación Gibaja (guitarra), Julio Ojeda (mandolina) y otros músicos más. Eran infaltables en las reuniones familiares, fiestas religiosas, así como en los diferentes pueblos del entorno distrital.
Con el correr de los años, la música interpretada con el arpa fue su medio de vida, sin embargo, repentinamente se enfermó y nadie supo que le había pasado. Decían que había sido embrujado, que le había dado el machuska y lamentablemente, a pesar de recurrir a médicos y paqos, no se pudo recuperar. Falleció en 1971. El ch’illicu dejo de trinar, apagando las notas armoniosas de su arpa.

martes, 12 de enero de 2010

Peruano(a)s en Nueva York: Entre Sueños y Realidades


Por Alex Julca

Este ensayo analiza sucintamente el crecimiento de la migración peruana en La Ciudad, las características principales de su origen, su inserción en la sociedad y economía de Nueva York, y las implicancias que ello tiene para los lugares de origen y de destino.

¿Quiénes son?

En Nueva York la composición étnica es mixta, predominando más los peruanos con raíz provinciana y Andina en relación a otras ciudades en Estados Unidos (Miami, por ejemplo); provienen de las clases populares de Lima (en particular) y de provincias; y llegan a ejercitar predominantemente trabajos manuales (construcción, cocina, mecánica; joyería, costura) y de servicios (limpieza, venta de comida, empleada de hogar, cuidado de niños). Aunque mujeres y hombres trabajan y compiten en algunos trabajos manuales, las mujeres predominan en los servicios.

Buena parte de los hijo(a)s de la ola de peruanos que llegaron a Nueva York entre los 60s y 70s han llegado a ser profesionales, aunque con varios niveles de desarrollo y logro. La educación profesional de los hijo(a)s de los migrantes, es útil remarcar, siempre ha sido uno de los caros sueños de los padres migrantes
[1].

Una proporción menor de peruanos migrantes en Nueva York provienen de un extracto económico más alto y que no tienen como objetivo principal enviar remesas, sino de alcanzar un mayor desarrollo profesional y con perspectivas de movilidad social más rápida. Por supuesto, también hay gradientes en este grupo de migrantes -- desde los que empiezan luchando por tener una mejor formación profesional y ocupación y que envían remesas no como motivación primordial, hasta los que llegando con mejores recursos económicos y contactos sociales, alcanzan una ascensión socio-económica más rápida y alta que el promedio del resto de peruanos inmigrantes.

Este ensayo se concentra en analizar el primer grupo
.

“Caminante no hay camino...

La migración de gente peruana a Nueva York se inserta dentro de la ola global de migración cuya lógica general es migrar a países donde hay mejores probabilidades de empleo y movilidad social. Los migrantes tienen una idea general de la jerarquía de los países de destino en función de sus niveles económicos y sociales de desarrollo. En términos de economía política: la mano de obra fluye a los lugares con mayores posibilidades de trabajo, a la manera paralela, si se quiere, a los flujos financieros y tecnológicos que se dirigen donde se generan y reproducen mejor los capitales.[2]

Sin embargo, depende mucho mas de los contactos y recursos económicos de los potenciales migrantes y la ayuda que reciban de sus familias y amigo(a)s, en el lugar de origen o llegada, para emigrar y alcanzar el destino deseado. Ya en el lugar destino, los que tienen contactos mas densos y distribuidos geográficamente, tendrán mejores posibilidades de trabajo y movilidad social. Del destino deseado al alcanzado hay mucho trecho. Y por eso, la mayoría de peruanos no se va, sino se queda; pero los poco(a)s que salen harán historia…

…camino se hace al andar”

La mayoría de migrantes peruanos salen y esperan encontrar trabajo más constante en Nueva York -- lo que en general toma más tiempo de lo planeado -- y nivel de salarios que permitan enviar una parte a sus familias de origen. Porque para eso salieron, para mejorar su nivel social y reducir la inseguridad económica que trae consigo el desempleo, trabajos inciertos y salarios bajos en el Perú. Están en Nueva York principalmente para enviar remesas y traer a alguien de la familia (traer a varios en forma legal es casi improbable o cuesta mucho), pagar una mejor educación y salud de sus hijo(a)s o hermano(a)s en Lima, o tal vez poco a poco construir una casita en el Perú. Aunque los empleos encontrados en Nueva York sean de carácter inseguro, la suma de su irregularidad, nivel salarial y poder adquisitivo arrojan un remanente neto promedio que asegura un pan en el país de destino y el envío regular de remesas en moneda dura (dólar, euro) a sus familias en el Perú.

La vida de los inmigrantes, sin embargo, es compleja, y las vicisitudes económicas y sociales (e.g. salarios impagos, inseguridad de salud, vivienda inadecuada, y exclusión social) que pasan frecuentemente para obtener algunos grados de seguridad económica, se sabrán muy poco en las familias de Lima y provincias.

¿Cuántos son?

Ajustes recientes al Censo de Estados Unidos del año 2000 estima que existe mas de 1 millón de peruanos residentes en todo el país, equivalente al 4% de la población nacional aproximadamente; el número exacto es incierto desde que existe inmigración indocumentada. En Nueva York se estima que hay mas de 120,000 peruano(a)s.

‘Hay peruanos muchísimo que hacer… y pagar’

Aunque algunos sueños se cumplen al vivir en Nueva York, algunos terminan por ser pesadillas o una mixtura de los dos. Los trabajos escasean, son inseguros, y las obligaciones para pagar la renta de un cuarto o apartamento; luz, teléfono, tarjeta de crédito, y enviar remesas al Perú para cubrir las necesidades descritas son frecuentemente onerosas para la vida de los inmigrantes.

En medida creciente, del stress psicológico se pasa a la soledad honda o al individualismo mezquino para hacer frente a estos pagos y responsabilidades. La vida cotidiana se agita y cansa con el trabajar 10-11 horas diarias por 6-7 días a la semana, cuidar el trabajo para no volver al desempleo, y con poco o casi nada de tiempo para la vida social y afectiva. Algunos inmigrantes dicen, “en Lima hay mas tiempo, pero la plata no alcanza para comer; aquí en Nueva York se gana pero no hay tiempo para comer.”

Muchas veces la vida social se hace en función casi exclusiva a los problemas económicos que se afrontan, sobre todo en tiempos de crisis económica. Y de eso el inmigrante habla cuando se encuentra o busca encontrar a alguien, paisano o amigo(a): de trabajo y contactos para trabajo, de un mejor lugar o cuarto para residir, de una compañía amiga para pasar un momento o contarle los problemas. El encontrar a alguien y saludarlo con el acostumbrado ¿Cómo estás? no basta; la conversación por el llano placer humano de charlar y compartir se reduce muchas veces a su mínima expresión.

Con respecto a lo que ganan los trabajadores peruano(a)s, cabe destacar que los salarios son bajos o volátiles en las ocupaciones descritas. Aún así, es a través de estos trabajos duros y muchas veces fuera de toda norma de salud y seguridad laboral que los inmigrantes, documentados e indocumentados, forjan su destino y el de sus familias. Trabajos que hay que aceptarlos porque un dólar menos por falta de trabajo, un salario bajo, o porque el boss no pagó, es una demora en la legalización, en las remesas a las familias, la renta, o a la exposición de enfermedades (por el stress, el frío en invierno, o pobre alimentación).


El marco histórico y la vida fugitiva: los peruanos “sin papeles”

Existe una ambivalencia en Estados Unidos con respecto a los trabajadores inmigrantes en general: mientras el gobierno federal persigue, construye y extiende los muros para reducir y ahuyentar la inmigración de indocumentados, el apetito voraz de su economía los devora con trabajos inseguros y en condiciones de explotación e insalubres. Mientras vox populi se denigra a los “ilegales”, las economías de Nueva York y del país necesitan y utilizan fuerza laboral inmigrante para limpiar vegetales, preparar alimentos, vender artículos diversos en tiendas y calles, fabricar joyas, construir y reparar inmuebles, así como confeccionar ropas que son vendidas en las tiendas más prestigiosas de Manhattan y “shopping centres” del área metropolitana de Nueva York.

El caso es que a través de la historia de este país, el llegar indocumentado no es un hecho nuevo. Durante la primera parte del siglo XX, por ejemplo, muchos europeos de diversa nacionalidad y religión llegaron a Norte América y buscaron los medios legales para residir en este país, y quienes tuvieron mejores recursos económicos o contactos sociales conseguían la legalidad antes o después de arribar. Las leyes también se acomodaron para su inserción y adaptación.

Ser residente legal significa tener la Green Card o por lo menos el número de Social Security, armas necesarias para el acceso a servicios básicos, así como para obtener el documento de identidad por excelencia, la Licencia de Conducir. Aún después de las serias restricciones federales de las leyes derivadas de la Ley del Welfare (1996) y de Septiembre 11, 2001, ser residente legal proporciona mejores posibilidades a un trabajo legal más acorde con la habilidad y experiencia personales; bancos para ahorrar, servicios de salud, educación, etc., así como de obtener una mayor seguridad psicológica de residir en este país. Más aún, la residencia legal abre también la posibilidad de visitar a la familia en el lugar de origen, o de reunirse con la familia en Estados Unidos, al solicitarlos legalmente como nuevos inmigrantes y abrir las posibilidades también para ellos.

Por esas razones, la situación económica y social para los peruanos indocumentados es de gran inseguridad: los contactos con los amigo(a)s y parientes en Nueva York son también para obtener documentos ‘legales’ y poder trabajar; mientras que cada día viven una vida de fugitivo, saliendo de sus casas al trabajo en estado de alerta para evitar encuentros indeseables con la policía y personal de seguridad de inmigración y sus redadas, en las calles o en los trabajos. Uno de estos encuentros, ellos lo saben, los podría conducir a la deportación.

Pero la vida continúa, y los peruanos tratan de llevar adelante sus vidas, en una lucha sin cuartel con la esperanza y la desesperanza. Mucho(a)s hacen bromas sobre la suerte que les ha tocado y la vida que pasan, alguno(a)s visitan los shopping malls el fin de semana, van a misas en español los domingos, organizan campeonatos de football y venden comida peruana, compran artefactos eléctricos y ropa para vestirse en las fiestas de familia y amigos. Estas satisfacciones, llenas de sociabilidad y en búsqueda de dignidad, están al alcance de quienes lo dejaron todo o mucho para vivir mejor, aún cuanto les cueste mucho sudor y lágrimas, persistencia y tiempo persiguiendo estos sueños.

Implicancias de las remesas en las economías del Perú y de Nueva York

A inicios del 2009, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) indico que el total de remesas que recibió el Perú fue de US$3,000 millones de dólares en el ano 2008. Comparando valores, ese monto equivale al 2.4% del PBI, un 55% del valor de las inversiones directas extranjeras, y 11 veces la ayuda oficial para el desarrollo que los países ricos envían al Perú! Aproximadamente un 67% de estas remesas provienen de Estados Unidos, de los cuales unos US$300 millones aproximadamente provienen de Nueva York. Es decir, la exportación de seres humanos, de peruanos, provee una alta liquidez a la economía peruana, de la cual paradójicamente los que tienen acceso al poder económico y financiero ganando mucho y más de lo que el común de las personas se puede imaginar.

Porque aunque solo el 10% de la población adulta peruana recibe remesas, en promedio US$166 en cada envío y con una periodicidad de nueve veces al año (concentrándose en Lima, en Huancayo y en Piura los beneficiarios), el gasto en consumo en supermercados, escuelas, centros de salud, etc. asegura que estos dineros individuales pronto sean depositados y se concentren en los bancos privados principales del país. En general, estos son las entidades financieras más solventes y que no necesitan tanta liquidez como las entes pequeñas de ahorro y crédito – cooperativas, caja de ahorros, mutuales, etc. A falta de impulso a los bancos de desarrollo que puedan canalizar fondos para projectos de infraestructura de largo plazo que necesita el país, y de normas e incentivos para que el sector privado mejore el acceso al crédito a grandes sectores de la población, esos dineros se prestan principalmente a las grandes empresas, muchas veces oligopólicas, o a entes financieras y sectores privados que ya tienen acceso al crédito. Este fenómeno también se reproduce en otros países pobres.

Entonces son los poderes económicos oligopólicos del Perú los que tienen control sobre estos dineros, los cuales pricipalmente sirven para producir bienes y servicios no necesariamente ligados a las necesidades de la mayoría de la población peruana, y cuyo objetivo principal es más bien la ganancia. Y cuando la liquidez en dólares es demasiada en el mercado financiero -- controlado principalmente por estas organizaciones, el Banco Central de Reserva del Perú (que guarda las reservas internacionales que pertenece a todos los peruanos) se ve obligado a comprar esos dólares para sostener el tipo de cambio y evitar brotes inflacionarios.

Es que no hay otro mejor uso de esos dineros que envían los inmigrantes que lo dejaron todo para exportarse? Es que el estado peruano no puede crear mecanismos de política financiera para estimular un uso de desarrollo e inversión con esos dineros que insuflan liquidez a la economía? Es que el sudor y esfuerzo de los inmigrantes vale solo para mantener el esto quo o muy poco en el país?

Las experiencias de lo(a)s inmigrantes peruanos y el destino de sus remesas se asemejan a las de otros países subdesarrollados. Son las familias pobres que ponen los soldados que migran, los cuales trabajan en condiciones legales e ilegales, de trabajo casi sin descanso y en condiciones muchas veces miserables, pero que al final, son los inmigrantes precisamente los que terminan por dar una esperanza a sus países, cuyos gobernantes lamentablemente hacen poco esfuerzo porque esta hemorragia de seres humanos y de dinero malgastado, se detengan; y se comience a invertir en projectos para eliminar la pobreza y embarque en un desarrollo sostenido.

Diciembre 13, 2009

[1] Esta es una característica de la migración internacional (late 1960s-hasta la actualidad) y doméstica. Fuera de esperar mejores salarios, la educación para los los hijo(a)s, fue un objetivo clave para los migrantes Andinos que venían a Lima en los 1940s-1960s.
[2] A diferencia de los flujos financieros y tecnológicos, sin embargo, la mano de obra es un flujo de seres humanos, pensante y subjetivo; con implicancias diferentes y de reto al concepto de nación y estereotipos sociales.

jueves, 17 de diciembre de 2009

¿QUE HACER PARA EVITAR QUE EL QUECHUA Y EL AYMARA DESAPAREZCAN?

Karla Olazábal Ramírez

En el Territorio Nacional, existen alrededor de cuarenta lenguas reconocidas por el gobierno del Perú como oficiales, sin embargo muy pocas personas saben de su existencia y sólo se da importancia al castellano.

La idiosincrasia de la población como consecuencia de la conquista cambio notablemente, se dio una desvalorización de la cultura, en este caso específicamente de la lengua. El castellano se impuso, mientras que las otras lenguas fueron subordinadas en relación él. La escuela durante todo el periodo republicano ha sido fundamental en arraigar este concepto tan absurdo de superioridad lingüística. Generalmente se da instrucción en castellano quitando así, la oportunidad de hablar en la lengua materna. Esta discriminación llega hasta las familias, que son el núcleo de la sociedad, quienes para evitar ser marginadas en diferentes situaciones y que sus hijos tengan un mejor futuro, básicamente logrando tener un mayor acceso a servicios que proporciona el estado (justicia, educación y salud, principalmente), propician el aprendizaje de una segunda lengua y no la materna. En otros casos (generalmente las personas mayores) han aprendido el castellano debido a la necesidad, sin embargo su nivel de expresión es bajo, por lo que igualmente son discriminados y a esto contribuyen los medios de comunicación como la TV, que pone personajes como la “paisana Jacinta” que menosprecian al poblador de la sierra.

La discriminación que sufren los hablantes de quechua, aymara y lenguas amazónicas, es la misma que los hispanohablantes sufrimos frente a lenguas mas “poderosas” como el inglés y el francés en diferentes partes del mundo. Esto se debe también a que gracias a la globalización y al mundo moderno, los hablantes de estas últimas lenguas, son quienes tienen más influencia en la actualidad y controlan gran parte de la economía mundial, entre otras cosas; por lo que nos vemos en la obligación (si queremos insertarnos en el mundo global) de aprender estos idiomas. Los idiomas nativos, son menospreciados, los que lo hablan son marginados.

Debemos evitar que lenguas como el quechua y aymara desaparezcan porque son parte de nuestro pasado cultural: Un gran numero de personas son hablantes de estas lenguas, son una forma de ver el mundo única, que poco a poco se esta desvalorizando, sin embargo antes de la conquista ambos idiomas eran los que se hablaban principalmente en América del sur y eran los más aceptados socialmente.

Por otro lado, si desaparecen, ¿cómo los historiadores, antropólogos, sociólogos etc. podrán recopilar datos importantes de nuestro pasado y presente, del conocimiento acumulado en centurias? Este patrimonio sumamente interesante se perdería junto con estos idiomas y no habría vuelta atrás para recuperarlos.

Como posibles soluciones para evitar la desaparición de estas dos lenguas, podríamos decir en primer lugar que es preciso reconocer que todos formamos parte de esa realidad, aunque nuestro lenguaje y posiblemente nuestro aspecto e intereses sean otros, pero todos somos mestizos y nuestros antepasados nos dieron ese legado que debemos rescatar. En segundo lugar, el estado debería de hacer campañas nacionales para que se revaloren estos idiomas nativos, así como capacitar a profesores bilingües que enseñen a los escolares en su idioma materno y en castellano, para que así tengan más oportunidades de recurrir a servicios que proporciona el estado y a la vez puedan conservar su cultura. Igualmente se debe hacer de una vez por todas, que los servicios necesarios en las zonas de habla quechua y aymara, sean proporcionados en esas lenguas y que todo quechua y aymara hablante debería tener las mismas oportunidades de hacer uso de su lengua en los diferentes trámites administrativos en las diferentes instancias del estado. En tercer lugar, los medios de comunicación siempre cumplen un papel importante en la sociedad, por lo que debería de hacerse publicidad en diferentes idiomas, para que de esa manera exista una mayor identificación con lo autóctono y se extienda a todo el Perú. En cuarto lugar, la escuela debería incentivar la revaloración de la cultura andina y por tanto de sus lenguas, tomando en consideración que somos un país pluricultural y multilingüe, donde cada uno de los grupos humanos tiene una propia identidad. El respeto al otro es importante, sin embargo la cultura occidental propicia que la cultura andina sea siempre menospreciada, por lo que se da la discriminación y el racismo.
La enseñanza y producción de textos en estos idiomas, así como programas en los medios de comunicación, evitará su desaparición.

Hacer que los que hablan quechua y aymara tomen conciencia de la igualdad de sus idiomas con otros como el castellano y se sientan orgullosos de pertenecer a una sociedad que ha aportado al mundo numerosos conocimientos y productos como la papa y el maíz, hará que estos idiomas, y no dialectos, supervivan.

martes, 15 de diciembre de 2009

COMO HA CAMBIADO OLLANTA

En el anterior número leímos una nota nostálgica del Dr Del Alamo, en la que nos llevó imaginariamente a los años 50 del siglo pasado, cuando Ollantaytambo era un pueblo apacible, donde todos se conocían, los niños ingresaban a las diversas huertas a treparse a los árboles de capulí, las puertas permanecían entornadas para permitir el ingreso de los vecinos, los profesores eran autoridades respetadas, los campos estaban cubiertos de plantas de maíz y papas en flor.

Si ahora recorremos las calles ollantinas, no encontraremos mucho de ese paisaje añorado. Numerosas casas se han convertido en hoteles y restaurantes, algunos de los antiguos moradores han decidido deshacerse de sus propiedades y ahora son habitadas por extraños. Las pocas casas de origen colonial han sido divididas perdiendo su morfología. Ahora no quedan ni rastros de lo que fueron. Zaguanes, escaleras y balaustres, han caído por los suelos. En su reemplazo se levantan muros de cemento, escaleras y ventanas con hierro.

Las chacras cada vez tienen menos extensión, muchos terrenos ahora están ocupados por nuevas construcciones, donde se acondicionan hoteles para recibir a extranjeros. Los árboles de capulí son cada vez mas escasos, los ch’ititis y chihuacos, ya no nos despiertan con sus trinos madrugadores. Los sapos ya no croan anunciando la lluvia. El maíz ya no se seca en los tendales, se vende en choclo, originando la falta de jora para elaborar chicha.

Ahora encontramos a empresarios ollantinos, con dos celulares en la cintura, despachando sus negocios a bordo de modernas camionetas. Los que no pueden pagarse un teléfono privado, pueden realizar sus llamadas desde los teléfonos públicos instalados en los locales comerciales y también desde los celulares que ofrecen algunas señoritas en la plaza principal. Sin embargo hay ollantinos que no pueden darse el lujo de efectuar una llamada telefónica, es muy caro para ellos y deben destinar todos sus ingresos para subsistir. Los precios de los productos agrícolas, nunca son buenos y ahora ya no hay trojes. Difícilmente se guarda algo de papas y maíz.

La plaza, donde antes solo dos veces al día paraban los vehículos que hacían servicio al Cusco, ahora se encuentra atiborrada de taxis, combis y toda clase de vehículos que salen a cualquier hora.

Los restaurantes han sacado sus mesas y sillas a las veredas. Es agradable sentarse ahí a tomar un refresco, una cerveza o degustar alguno de los muchos omelettes que ofrecen, pero ahora ya no podemos transitar libremente por las veredas. Por las calles nos encontramos con algún muchacho con su mandil de chef y por supuesto con muchos vendedores de artesanías.

Hablando de artesanías, la Plaza sagrada de Manyaraqui, es desde hace un buen tiempo un gran mercado. El espacio está lotizado, impidiendo una buena perspectiva de los importantes edificios que la circundan.

En vísperas de Todos los Santos, encontramos “tropas” de niños con distintos disfraces, unos con apenas una careta, otros con vestidos preparados especialmente y con extrañas mascaras de tela o plástico, festejando el Halloween importado. ¿El día de la canción criolla? No, en las calles ollantinas no se conoce esta fiesta.

La música que se escucha es diversa, hay rock, chicha, cumbia y también huayno. Los blues no faltan en algún pub concurrido por turistas.

Las escuelas se han multiplicado, algunas de ellas son particulares e incluso hay alguna que esta “especializada” solo en hijos de extranjeros. En Chillca, Patacancha y Huilloc, hay colegios, donde asisten numerosos estudiantes. El quechua, se sigue hablando, al mismo tiempo que el castellano y el inglés.

Lo que apreciamos ahora en Ollantaytambo, es un pueblo en proceso de cambio. Cambio que se viene realizando rápidamente, no solo en su morfología, también en su gente
.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Cachiccata y la National Geographic

Reproducimos la nota aparecida el 15.11.2009 en el diario limeño El Comercio . Cachiccata, está ubicado a unos kilometros al frente de Ollantaytambo, a los pies de la montaña donde se encuentra las canteras de donde se extrajeron las piedras que sirvieron para la construcción del pueblo. Desde hace unos años se ha implementado servicios para el turista.

Valle Sagrado de los Incas es una de las 25 mejores travesías para el 2010

18:27 Revista National Geographic invita a pasar por lo menos una semana entre los andenes, el pueblo de Cachiccata y el Camino Inca del Cusco
Un viaje al Perú, y especialmente al Valle Sagrado de los Incas en el Cusco, es una de las 25 mejores travesías en el mundo para el 2010. Así lo señaló la prestigiosa revista National Geographic en su edición de noviembre.
La publicación dedicada a la naturaleza y sitios históricos describe al Valle Sagrado del Cusco, al pueblo Cachiccata, a la caminata hacia Machu Picchu y a los antiguos andenes Incas como las principales razones para visitar el Perú. Por ello invita a los viajeros a pasar al menos una semana entera en la ciudad imperial.
Según el artículo, Adventure Life Journeys está organizando dos viajes a Perú en abril y diciembre del 2010 con destino a Cusco y Machu Picchu. Ofrece tours de grupos pequeños que tienen un impacto positivo en la cultura y medio ambiente del lugar. El objetivo de la empresa es ofrecer unas vacaciones divertidas y emocionantes, al mismo tiempo que crea un mejor entendimiento entre los viajeros.

BATANES Y MORTEROS




En tiempos antiguos dicen que el sol murió. Y, muerto el sol, se hizo noche durante cinco dias. Las piedras, entonces, se golpearon entre ellas mismas, unas contra otras; desde entonces se formaron los llamados morteros, es decir las muchcas, y también los batanes”

Dioses y hombres de Huarochirí (¿1598?)

Uno de los principales instrumentos de la cocina es el batán (maran) y su mano (tunao). Sirve para moler los alimentos, para sacar la cáscara de algunos granos como la quinua, elaborar las salsas como la uchukuta. Consiste en una loza de piedra, completamente plana y lisa, sin porosidades, En algunos casos la parte media presenta una hendidura originada por el continuo uso y la fricción de la mano. El tunao es una piedra media ovalada (casi media luna), o media rectangular, algunas veces con protuberancias para sostenerla. En este último caso ha sido confeccionada ex profeso.

Esta piedra se consigue en zonas donde hay tradición de picapedreros. La mano se puede encontrar en la orilla de los ríos, tiene que ser de una piedra fuerte y dura, además de tener la forma necesaria que permita su manipulación y uso adecuado.

Su ubicación es cercana al fogón, pero puede estar también fuera de la vivienda. Generalmente esta sobrepuesto sobre una base de piedras o adobes y asegurado con barro.

Hay de distintos tamaños, los pequeños (de 40 cm aprox) se usan para las laboras diarias, mientras que los mas grandes ( de 1.10 mt aprox) se usan para labores mayores como moler la jora para chicha. Por supuesto que en estos casos el tunao es mas grande para permitir una molienda mas rápida.

Cuando hay que moler grandes cantidades, como la jora, el trabajo se realiza por la noche, empezando la labor a media noche y para esto se contrata a una persona, generalmente un varón por que tiene mas fuerza que la mujer. Las labores de molienda diaria, las realiza el ama de casa, pero también lo puede hacer el varón.

Se puede moler en seco y elaborar harina, como también se puede moler con agua o aceite y, dependiendo que se quiere y en que medida triturar, se le dará mayor o menor fuerza a la presión del tunao, el cual, para evitar el cansancio, se debe manipular en forma acompasada.

LA MUSK’A

El mortero o musk’a, también es de piedra. Sus dimensiones pueden variar entre 20 cm a 40 cm de diámetro. Hay morteros muy bien labrados, con bordes altos por lo tanto profundos, tales como nos muestran las evidencias arqueológicas que encontramos en los museos, donde incluso se aprecian, diversos grabados en alto relieve, de animales como serpientes o pumas.

Algunos morteros, son de piedras encontradas en la naturaleza, las que por un proceso de fricción han adquirido una profundidad que permite amartajar alimentos o hierbas en pequeñas cantidades; mientras que la mayoría son fabricados ex profesamente, unos en forma burda y otros con un hermoso acabado.

La mano es una piedra llamada collota, la cual normalmente es alargada, otras veces casi esférica. Lo usual es que sea alargada permitiendo un uso más armonioso para la persona que lo utiliza.

Sirve para triturar algunos granos en pequeñas cantidades y hierbas para aderezar de los alimentos o que sirvan para un emplasto. Como en el caso del batán, dependiendo del producto que se trate, se puede usar agua o aceite.